La corrupción mata más que la pandemia

La vida y la muerte de los entrerrianos están en manos de una clase política que se cree inmune y que es impune.

Estimado lector, lo invitamos a imaginar esta situación: es martes a la noche, usted lleva más de tres días con síntomas de COVID, la fiebre supera los cuarenta grados, el cuerpo duele por todas partes, los vómitos no se detienen. En la desesperación, un familiar suyo llama por teléfono al Hospital San Martín. ¿La respuesta? Tendrá que esperar tres horas, solamente hay tres ambulancias trabajando esta noche. Usted, con todos esos síntomas agravándose minuto a minuto, siente que se va a morir. Y, para peor, siente que morirá en su casa, delante de su familia, de sus hijos, porque el Estado provincial lo dejó desamparado, abandonado, le niega la asistencia que necesita, le impide el acceso a la salud pública, lo priva del derecho a la vida.

La terrible situación no es una mera hipótesis. Le ocurre a muchas de las personas que contrajeron el virus en la ciudad y en la provincia y lo narra en particular un trabajador de los medios que tuvo que esperar aquellas interminables tres horas para poder ser finalmente trasladado al Hospital, en donde el personal de salud efectivamente constató la falta de oxígeno en sangre y le salvó la vida.

Afortunadamente, nuestro colega, que tiene menos de 30 años y ninguna comorbilidad, hoy puede contar la historia, aunque quizás, y duele decirlo, si el tiempo de espera se prolongaba, la suerte hubiera sido otra.

Lamentablemente, este caso no es el primero y no será el último. ¿Por qué?

Porque el personal de salud hace malabares con los pocos recursos materiales y humanos a disposición, con los insumos gravemente limitados y con las camas saturadas desde hace semanas. Porque intentan brindar la mejor atención posible a cada paciente, sabiendo que hay cientos que esperan, por una cama, por un respirador, por oxígeno.

Porque hay un presupuesto de más de 17 mil millones de pesos destinados al sistema de salud que no se sabe dónde está. Porque desde el comienzo de la pandemia, enfermeros y médicos piden, suplican, y hasta tienen que demandar al gobierno provincial para que provea los materiales de prevención necesarios. Porque se sabía desde febrero que si el virus progresaba como lo ha hecho, las camas serían insuficientes, y el personal también, aunque se haya dicho que se hicieron inversiones.

Porque en el Estado entrerriano hay ministro, diez secretarios, 40 subsecretarios, coordinador, coordinador del coordinador, coordinador del coordinador del coordinador, y cientos de etcéteras, pero no hay enfermeros ni médicos, y los que hay no se pueden pedir licencia porque se las descuentan del mísero bono de cinco mil pesos, o de sus magros salarios.

Porque para casi 100 casos (comunicados oficialmente) de coronavirus por día en Paraná, hay apenas tres ambulancias disponibles, mientras que la flota de autos oficiales del gobierno provincial crece sin ningún tipo de mesura, para funcionarios que ni siquiera concurren a la oficina por la pandemia, porque están lejos de ser esenciales, y trabajan desde sus casas. O se reúnen por zoom entre ellos desde sus casas y gastan millones y millones para publicar en las redes sociales que trabajan, coordinan, proveen, articulan, y cualquier sinónimo parecido, aunque en la realidad esté todo desarticulado, descoordinado, desprovisto, improvisado.

Porque los más de 1300 funcionarios que tiene el gobierno que conduce Gustavo Bordet están más preocupados por las ampliaciones presupuestarias incomprobables, por las designaciones de imprescindibles coordinadores de no se sabe qué con sus exorbitantes sueldos, por comprar una nueva 4×4 para Marisel Brusco o para el ministerio de Bahillo, para que los funcionarios usen como si fueran propias con chofer oficial, por remodelar oficinas, por comprar lamparitas, computadoras, celulares, y gastar fortunas en comunicación para decir que Entre Ríos funciona como un reloj suizo, aunque se llevaron hasta las agujas.

Porque hay una Dirección Provincial de Vialidad, pero las rutas entrerrianas son una sucesión infinita de pozos que se cobran vidas. Porque hay un Instituto de Ayuda Financiera a la Acción Social que le paga millones de pesos mensuales en sueldo, alquiler, viáticos y gastos al directorio, que ni siquiera está en Paraná, pero le paga la mitad del salario a los trabajadores, mientras los índices de pobreza crecen preocupantemente ante la indiferencia del Estado. Porque hay una Caja de Jubilaciones que le paga a los fallecidos, que tiene privilegiados millonarios, incapacitados en perfecto estado de salud, con responsables que la fundieron para varias generaciones, pero siguen siendo tapados.

Porque hay una Administradora Tributaria que es una agencia de colocación, y que presiona cada vez más impositivamente a los contribuyentes entrerrianos para poder seguir pagando la fiesta.

Porque hay un Tribunal de Cuentas que tendrá un titular del mismo oficialismo que viene saqueando al Estado con total impunidad desde hace tiempo, y que ahora tendrá vía libre para hacerlo con aún mayor descaro.

Porque con lo que le cuesta al Estado un legislador para levantar la mano una vez al mes desde su casa, se le paga el sueldo a 240 policías, o 200 enfermeros, que están en la primera línea de batalla.

Porque hay 1300 funcionarios que cobran mes a mes sueldos que no les da el tiempo para sacar del cajero, mientras un enfermero o un médico no se pueden tomar licencia para que no le descuenten nada y poder llegar a fin de mes.

Porque hay funcionarios y legisladores que llevan toda una vida viviendo del Estado, a quienes no se les conoce ni la más mínima actividad privada, que son literalmente millonarios.

Porque hay un gobernador que es contador pero se endeudó en millones y millones de dólares, con intereses que pagarán los nietos de los nietos de los entrerrianos que hoy viven en medio de la desidia que este gobierno gasta fortunas en ocultar.

Porque a ni uno solo de los más de 1300 funcionarios del gobierno provincial se les pasó jamás por la cabeza que quizás algún día ellos o un familiar podrían tener que esperar por una ambulancia, porque para eso ellos también tienen sus privilegios, como los tuvo Bordet cuando contrajo coronavirus y se recuperó en un tiempo récord que desconcierta a los expertos.

Todos y cada uno de los funcionarios del provincial, que cobran sus miles y miles de pesos mensuales, que viven como reyes a costas de las arcas públicas cada vez más fundidas, sin hacer literalmente nada por mejorar la calidad de vida de los entrerrianos, son responsables de que hoy haya personas, seres humanos, que tengan que esperar tres horas una ambulancia para no morir. Porque se llevan descaradamente toda la plata, a costas de la vida de los otros, que lamentablemente ya no la pueden contar.

5 comentarios

teresa 20 octubre, 2020 at 3:35 pm

TEXTO DE LECTURA OBLIGATORIA…EXCELENTE

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juansalvador 21 octubre, 2020 at 12:53 pm

Durante la cuarentena el Gobernador Bordet no ha hecho otra cosa que nombrar gente en el gobierno es un cara dura mientras la provincia se viene abajo

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juansalvador 21 octubre, 2020 at 12:55 pm

Que le importa a el la situacion de los hospitales, el Covid, el hambre de la gente, para nada solo llenarse los bolsillos

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Daniel 22 octubre, 2020 at 8:58 am

NO VOTO NUNCA MAS PERONISMO.

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azaleia 26 octubre, 2020 at 3:07 am

CADA CUANTO SE TESTEAN LOS POLITICOS?? SE ROBARON TODO DE SALUD, DONDE STAN LOS TEST PARA LOS BARRIOS..BORDET COMPLICE…!!!

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