El escenario político en Victoria atraviesa una metamorfosis forzada por el agotamiento de un modelo. Con un Partido Justicialista asediado por una seguidilla de denuncias de corrupción que han perforado el núcleo de confianza de su electorado, el oficialismo provincial ha detectado una oportunidad para desarticular el histórico predominio del «Clan Stratta«. El desgaste de las figuras que hasta ayer parecían inamovibles no es solo producto del paso del tiempo, sino de un asedio judicial, mediático y una profunda condena social, que ha dejado al peronismo victoriense en una actitud puramente defensiva, carente de una narrativa de futuro que logre entusiasmar a una sociedad civil cada vez más demandante de transparencia.
Ante este vacío de liderazgo en la oposición, la estrategia de la Casa Gris no es lineal, sino que apuesta a una combinación de carisma y gestión fiscalizadora. Por un lado, el oficialismo busca capitalizar la imagen de Gastón Bagnat, cuya figura trasciende los límites del partido para posicionarse como un activo electoral de gran alcance, capaz de captar el voto independiente y desencantado. Bagnat representa esa «pata vecinalista» y de gestión moderada que Frigerio considera vital para garantizar una transición sin sobresaltos.
Pero la negativa en principio de ir como candidato a intendente obligó al gobierno a buscar otros referentes y aparece el nombre de Paula Vicari que para operadores del oficialismo aporta el componente de renovación ética necesario en este contexto; su rol como denunciante de las irregularidades en la Secretaría de Desarrollo la posiciona no solo como una candidata, sino como el símbolo de un cambio de paradigma en el control de los recursos públicos. Esta «pinza electoral«, entre la aceptación popular de Bagnat y el perfil combativo de Vicari, buscan desde el gobierno propinar un vuelco definitivo en Victoria.
La ciudad de Victoria se ha convertido en una prioridad estratégica para el gobierno de Rogelio Frigerio. El objetivo es claro: recuperar un distrito que hoy se percibe como el epicentro de un justicialismo desgastado, representado por la gestión de la intendenta y la figura de la diputada provincial Laura Stratta.
Para esta misión, el oficialismo provincial busca contar con Gastón Bagnat. Aunque el actual funcionario ha declinado inicialmente el ofrecimiento para encabezar la candidatura a intendente, su nombre sigue siendo el que mejor mide en todas las encuestas locales. «Bagnat es el principal elector en Victoria«, afirman desde Paraná. Por este motivo, aunque no sea el candidato al sillón municipal, no hay que descartar que su rostro ocupará un lugar central en la boleta, posiblemente como candidato a senador provincial, para traccionar votos hacia la estructura del oficialismo.
El panorama para el PJ en Victoria es sombrío. La figura de Laura Stratta atraviesa su peor momento, cercada por una serie de investigaciones judiciales que involucran a su entorno más íntimo (Pedro Gebhart y Cía.). Las denuncias por el desvío millonario de fondos destinados a microemprendedores, las irregularidades en las contrataciones del Senado y los escándalos por «subsidios truchos» han calado hondo en la opinión pública.
Nombres vinculados directamente a Stratta, como Joaquín Oñativia, han sido señalados en la justicia por manejos espurios con los subsidios de personas carenciadas. La sombra de los contratos «fantasmas» y las licitaciones con sobreprecios durante su paso por el Ministerio de Desarrollo Social han dejado al peronismo local en una situación de «derrota catastrófica» inminente. Desde el oficialismo provincial, la lectura es que el PJ local está «vapuleado» y que los intentos por limpiar la imagen de Stratta chocan contra la realidad de una condena social, más allá de los expedientes judiciales.
Aunque la intendenta Isa Castagnino cuenta con la posibilidad constitucional de buscar su reelección, el horizonte para el justicialismo en Victoria aparece nublado por la incertidumbre y el desgaste de una gestión asfixiada por la falta de recursos y la nula sintonía política con los gobiernos provincial y nacional. En el núcleo duro del espacio liderado por Laura Stratta, donde ya se descarta una postulación de la exvicegobernadora para la intendencia, todo queda supeditado a la voluntad de la mandataria local, mientras vuelve a sonar el nombre de Sanzberro como alternativa, a pesar de que los números de las encuestas le dieron la espalda en el pasado. Este escenario de debilidad estructural obliga al PJ a un complejo análisis de supervivencia frente a un oficialismo provincial que acecha con intenciones de recuperar el control de Victoria.
Ante la negativa inicial de Bagnat para la intendencia, el nombre que toma fuerza es el de Paula Vicari. La actual funcionaria de la Secretaría de Desarrollo de la provincia ganó notoriedad al ser quien denunció formalmente las irregularidades encontradas en las áreas que manejaba el entorno más cercano de Stratta. Su perfil combina gestión y el rol de «limpiadora» de la herencia recibida, lo que la posiciona como una opción competitiva frente a un peronismo que no logra encontrar un recambio que no esté salpicado por los escándalos.
El oficialismo provincial sabe que en Victoria la elección se gana con «la foto«. Por eso, la estrategia será exhibir una boleta donde la cara de Frigerio y la de Bagnat (ya sea como intendente o senador) lideren el cambio. El gobierno entiende que Victoria es recuperable y es la oportunidad de terminar con el dominio de un sector político que, según los denunciantes, utilizó los recursos del Estado para beneficio de un complejo turístico privado y círculos de amistades íntimas.
