Definiciones políticas como organizador y dirigente
Sostuvo que «lo preocupante» del país hoy es que «los poderes de siempre» quieren que la presidenta «termine mal y no tienen nada mejor que ofrecer».
El libro “Fuerza propia. La Cámpora por dentro”, de Sandra Russo, incluye dos largas conversaciones con el hijo de dos presidentes, vislumbrándose su concepción de la política, los objetivos de la organización y su visión sobre los principales temas de la actualidad nacional.
Al respecto, el hijo de la Presidenta habló sobre el futuro de la agrupación en la política. «No sabemos qué expresión electoral tendremos, pero estará bien lo que resulte. Nuestro trabajo es a largo plazo», dijo.
«Nosotros abrimos. Hoy parece que el peronismo es lo que abarca todo, pero hay que ver qué piensan los pibes, si se sienten tan representados de esa manera como para decir que son peronistas y ya está. Lo que se escucha es Cristina. Los veo muy de ir con lo propio. Están muy decididos», agregó.
Además, Máximo aseguró que «La Cámpora no es ni dogmática ni pragmática en exceso», lo cual les permite «seguir ampliando bases» siempre bajo «la conducción de Cristina». «Los pibes ya se despertaron. Esa porción de la Argentina, después de 2015, va a seguir exigiendo», dijo, sobre la juventud kirchnerista y el final de este mandato de su madre.
«Más allá de las organizaciones juveniles, de todas las organizaciones, no sólo la nuestra, yo creo que toda la juventud entiende que la cosa va por otro lado, y el cambio se va a terminar dando. Esto tiene que cambiar, pero no es medible en períodos electorales. Diez años no es nada», señaló más adelante Máximo Kirchner.
«Hace diez años llegamos y era desolación. Yo entiendo que muchas veces se diga de mí: «El, porque está en otra situación». Y es verdad. Pero, en líneas generales, la situación de toda la sociedad mejoró en estos diez años», aseguró.
En consonancia con el discurso de la Presidenta, que cuestiona constantemente a los medios críticos, acusándolos de ser «la cadena nacional del odio y del desánimo» , Máximo también disparó dardos hacia la prensa.
«El eje de ataque de algunos medios fue la juventud que hace política. (…) Estamos dispuestos a discutir todo lo que sea, lo que haga falta. Pero que nos ataquen cerrilmente mientras obvian otras cosas muy graves que pasan alrededor del tema de los jóvenes, por acción u omisión… En este país hay muchos jóvenes trabajando seriamente por otra cosa. Hay que alentar esas acciones. Si uno pretende que la sociedad cambie desde el desánimo, no cambia más. Por eso siembran desánimo», dijo.
Afirmó además que su madre «jamás planteó su reelección» sino que los opositores instalaron el tema de una posible reforma constitucional para que la jefa de Estado acceda a un tercer mandato.
«Cuando nosotros hablamos de llevar adelante un proyecto político en el tiempo, ellos permanentemente lo confunden con los tiempos institucionales. No hablábamos de eso. Nunca hablamos de eso. Cristina conduce un proyecto político y ha generado prole, lo cual a esos poderes de siempre les crea un problema», dijo Máximo.
«O sea: que [Cristina] haya generado prole le da la posibilidad de una continuidad en el tiempo, y es eso lo que nunca había pasado y a lo que se oponen férreamente. Eso le da una identidad que va más allá de su persona como candidata», completó.
«Ellos [«los poderes de siempre»] tienen la necesidad, para llevar adelante las políticas económicas que les interesan, de que este proyecto político termine mal. Si uno repasa la historia argentina, a esos intereses siempre la violencia les sirvió para confundir y terminar imponiéndose. La violencia es una herramienta útil para ellos. ¿A quién terminó beneficiando una y otra vez la violencia social o política? A los sectores más concentrados de la economía. Sin excepciones», expresó.
Además, citando el caso de Chile -donde «la Constitución dice que nadie puede tener más que un solo mandato, pero parece que la gente quiere otra cosa-, Máximo aseguró que «la reforma constitucional es una discusión pendiente que habrá que dar, no ahora, porque van a decir que es oportunista».
Al respecto, se manifestó a favor de la posibilidad de que los presidentes en el país puedan ser elegidos más de dos veces seguidas. «El tema de la posibilidad de la reelección no pasa por una cuestión constitucional, sino por lo que la gente quiera.
Si te vota o no te vota», deslizó y aprovechó para apuntar al Grupo Clarín.
«Pasan los gobiernos y Clarín queda. Claro. El sistema está organizado para que esos poderes, sea Clarín o cualquier otra corporación -porque a esta altura Clarín es un símbolo que lo excede-, puedan desarrollar sus intereses sabiendo que a lo sumo tienen que resistir uno o dos mandatos. Ellos quedan», dijo.
«Lo que pasó estaba dentro de nuestras expectativas. Las elecciones de mediano término… Las únicas que ganamos fueron las de 2005, cuando Cristina fue candidata por la provincia de Buenos Aires. Las otras las perdimos. Creo que el principal derrotado en las elecciones del año pasado fue el odio. Habría que ver la Capital Federal en ese sentido, ahí todo tiene otra composición, pero lo que pasa ahí no es lo único que pasa. En líneas generales en todo el país lo que fue furiosamente antikirchnerista no cuajó. Uno ve cómo termina De Narváez, que se paró ahí, en el «Ella o vos», que le había ganado a Néstor Kirchner, que tenía la fórmula de la Coca-Cola, y lo ves terminar boqueando con Plaini, con Moyano, y que fue del treinta y pico que creía que tenía al cinco por ciento. La política es muy dinámica. Lo que sí es claro es que hay proyectos que electoralmente se vienen sosteniendo. Esos proyectos pueden tener a veces más o menos votos, pero es eso lo que finalmente se plantea a través de las ofertas electorales, los proyectos. En octubre el derrotado fue el odio, salvo en el caso de Carrió, que representa a los sectores más recalcitrantes y conservadores de la Ciudad de Buenos Aires, donde se concentra la mayor parte del odio y el poder mediático. Como perdió el odio, esos sectores hoy apoyan a Massa, que es confuso. La propuesta de Massa es ésa, la confusión, un tipo que estuvo dentro del proyecto, que fue fronterizo, que en 2011 acompañó a Cristina muy contento. En cómo le fue en las elecciones pesó la asociación que hizo mucha gente entre su figura y las políticas de inclusión jubilatorias que llevó adelante este gobierno. Massa fue un administrador de los recursos que se obtuvieron gracias a consensos que costó mucho lograr, y no fue él el que los logró. Empezó su campaña diciendo que había que preservar lo que estaba bien y cambiar lo que estaba mal, de modo que los beneficiarios de la asignación, por ejemplo, no se sintieron amenazados. Aprovechó. Percibió que no había cabida para algo rabioso contra el Gobierno. Los poderes de siempre buscaron que los representara alguien más tamizado que los candidatos puramente odiadores, y Massa se deja usar en ese sentido. Pero va a tener que cuidarse, porque cuando te usan esos sectores, si no respondés fielmente a lo que te piden, de la misma manera que te impulsan te desechan. Massa hace ruido rápidamente primero, porque se rodea de economistas que sabemos lo que plantearon y plantearán, y aparte es obvio que muy pronto se le exige una postura de mayor enfrentamiento. De repente van todos con la Constitución en la mano -era muy gracioso ver a gente como Cariglino con la Constitución en la mano- porque querían firmar ante escribano que se iban a oponer a la reelección de Cristina. Era patético, porque ellos arrancan la campaña con un tema que no salió de nosotros, Cristina jamás planteó su reelección. Confunden las cosas».
«Yo no voy a hacer lo que [la oposición] nos hacen a nosotros. Y quizás en algún punto eso sea un problema para nosotros en el futuro. Pero creemos firmemente que uno tiene que construir siempre, desde el oficialismo y desde la oposición. (…) Nosotros no queremos ser como ellos. De ninguna manera queremos falsear la lectura de la realidad para perjudicar a un adversario. Necesitan hacer que, más allá de los problemas genuinos que tenemos -que no los negamos, como no negamos las contradicciones-, necesitan desesperadamente su fracaso, convirtiendo ese fracaso en el de todos. Y de esa manera nunca van a nacer opciones superadoras. Esto es lo preocupante de este país, hoy. Que quieren que Cristina termine mal, y no tienen nada mejor para ofrecer. Nosotros creemos que si perdemos porque aparece algo que nos supera y nos mejora en términos de un proyecto que incluya y que beneficie a la enorme mayoría de los argentinos, bancamos, está bien. Pero no es eso lo que pasa. (…) Acá hay que trabajar y trabajar con todos los que sea posible. Lo que más bronca me dio el año pasado es que nosotros, en la tragedia de La Plata, en las inundaciones, nos pusimos a trabajar sin pausa, sin dormir, sin respiro, y en el medio de tantas necesidades nos encontramos con que el gran tema, el gran debate, fue pechera sí o pechera no, en esa discusión entre el compañero Andrés Larroque y el periodista Juan Miceli. (…) Yo me alegraría si pasa un desastre en mi barrio y aparecen pecheras radicales o troscas o lo que fuera, incluso Melconian con veinte pibes de amarillo, dispuestos a dar una mano. Creemos en eso cuando lo hacemos nosotros y cuando lo hacen los demás también. Que convenzan trabajando, no desde la tele. Que convenzan en el territorio, con capacidad de gestión. Porque para poner en marcha un operativo de organización tan grande como el que hubo en La Plata tiene que haber capacidad de gestión. Si no avanzamos así, ¿qué nos queda? ¿Volver a venderse por televisión? Y ojo, porque muchos de los políticos que hoy critican desde la televisión no te pisan un solo barrio, y si están hoy en la televisión es porque hubo diez años en los que pudieron volver a salir a flote después de que en 2001 todos fueron arrasados. Si hoy reaparecen personajes que se dedicaron a ajustar y durante un largo tiempo tuvieron que mantenerse en la sombra es porque hubo un tipo que entre 2003 y 2007 se dedicó a laburarse todo, y porque Cristina desde 2007 se entregó en cuerpo y alma a cumplir con sus responsabilidades para construir un país más justo que el que teníamos el 25 de mayo de 2003, cuando nadie daba nada ni por Néstor ni por el país.»
