La ciudad de Gualeguaychú atraviesa una crisis profunda que se expande por los barrios y golpea las puertas de los hospitales, mientras las respuestas oficiales parecen quedarse en el terreno de las apariencias.
Según fuentes médicas consultadas en exclusiva por Diario Nova, el incremento de pacientes con cuadros graves de adicción a las drogas ha alcanzado niveles alarmantes en el último año, saturando un sistema de salud que no da abasto para contener la demanda.
Sin embargo, frente a esta emergencia sociosanitaria, la estrategia de seguridad y judicial se limita a una táctica repetida y cuestionada: la espectacularización de los allanamientos por narcomenudeo.
La crisis en las guardias: el testimonio médico
Profesionales de la salud de Gualeguaychú, que prefirieron mantener reserva de su identidad por cuestiones de seguridad, confirmaron a este medio que las consultas por intoxicaciones agudas, brotes psicóticos inducidos por estupefacientes y pedidos desesperados de desintoxicación se han multiplicado.
“Estamos viendo chicos cada vez más jóvenes, algunos de apenas 13 o 14 años, llegando a las guardias con un nivel de deterioro físico y neurológico que antes tardábamos años en ver”, confió un experimentado emergentólogo local a Nova. Las sustancias de corte, cada vez más tóxicas y baratas, están causando estragos en los sectores más vulnerables de la ciudad, donde el consumo problemático se ha convertido en una vía de escape con final anunciado.
El show del narcomenudeo: cortar el hilo por lo más delgado
Mientras los médicos intentan apagar el incendio con baldes de agua, las fuerzas de seguridad y la Justicia provincial exhiben los allanamientos por la Ley de Narcomenudeo como grandes victorias. Semanalmente, se difunden partes de prensa con fotografías de puertas derribadas, balanzas de precisión y unos pocos gramos de cocaína o marihuana incautados en los barrios más periféricos de Gualeguaychú.
Pero esta política de seguridad esconde una trampa perversa: solo se corta el último eslabón de la cadena.
Al encarcelar al “transa” barrial, que muchas veces es también una víctima del sistema, consumido por su propia adicción o empujado por la extrema pobreza, el Estado llena las estadísticas y las cárceles provinciales, pero no afecta en lo más mínimo la rentabilidad ni la estructura del verdadero negocio. Cuando un punto de venta se cierra, otro se abre a las pocas cuadras en cuestión de horas. El flujo de droga nunca se detiene.
Las grandes bandas, intocables
La pregunta que resuena en las calles de Gualeguaychú y que la Justicia parece ignorar sistemáticamente es evidente: ¿Quién provee a esos kioscos? ¿Por dónde entra la droga a la ciudad? ¿Quién lava los millones de pesos que genera este negocio a diario?
Ir detrás del narcomenudeo sin investigar a los proveedores mayoristas es, en el mejor de los casos, una política ineficiente; y en el peor, un acto de complicidad. Las grandes bandas narcocriminales, aquellas que manejan la logística pesada, que cruzan las fronteras provinciales y que blanquean el dinero en el circuito financiero formal, continúan operando con total impunidad. Nunca hay allanamientos en los barrios privados, ni investigaciones sobre el lavado de activos, ni desarticulación de las cúpulas que verdaderamente lucran con la muerte de los jóvenes entrerrianos.
Mientras los megaoperativos sigan apuntando al eslabón más débil para las cámaras de televisión, los grandes capos narcos seguirán contando sus ganancias en la sombra, y las guardias médicas de Gualeguaychú continuarán recibiendo a las víctimas de un sistema que mira hacia otro lado.
(Redacción: Nova Comunicaciones – Gualeguaychú)
