El intendente de San José, Gustavo Bastián, encabezará un encuentro político el próximo sábado 1° de agosto en el Centro de Jubilados local para lanzar su candidatura a senador por el departamento Colón, en el marco del armado territorial alineado con el gobernador bonaerense Axel Kicillof y ante el inminente desdoblamiento electoral sin PASO en Entre Ríos.
La movida, respaldada por jefes comunales como Damián Arévalo (Feliciano) y Laura Rupp (El Pingo), busca disputar el liderazgo regional, desatando una feroz disputa por representación, alimentada por duros cuestionamientos hacia Marcelo Casaretto, quien según sectores internos pretende erigirse como el único referente provincial de Kicillof, a pesar de no contar con el apoyo de ningún intendente ni dirigente alguno.
El calendario político en Entre Ríos se acelera vertiginosamente. La casi certeza de que el gobierno provincial optará por un desdoblamiento de las elecciones y la eliminación de las PASO encendió las alarmas en el peronismo entrerriano, empujando a los dirigentes locales a moverse rápidos sin margen para el ensayo.
En este escenario, Gustavo Bastián, quien ya transita su segundo mandato consecutivo al frente del municipio de San José, busca dar el salto de escala y proyectarse hacia la cámara alta provincial. El acto convocado para este sábado 1° de agosto en el Centro de Jubilados no es una simple reunión de camaradería: representa el lanzamiento formal de sus aspiraciones a senador por el departamento Colón.
Sin embargo, el objetivo de Bastián trasciende la mera ambición departamental. Respaldado por integrantes de liga de intendentes, donde destacan Damián Arévalo (Feliciano) y Laura Rupp (El Pingo), el jefe comunal pretende consolidar un núcleo de representación territorial que dispute la vocería oficial del proyecto nacional de Axel Kicillof en suelo entrerriano.
La ambición de estos integrantes de liga de intendentes choca de frente con las pretensiones de Marcelo Casaretto. El ex diputado nacional y actual asesor en el Senado suele hacer alarde de su línea directa con Axel Kicillof, mostrándose ante los medios y la dirigencia como el referente indiscutido y eventual candidato a gobernador bendecido por La Plata.
Los antecedentes inmediatos alimentaron la tirantez: a fines de junio, Casaretto ofició como anfitrión junto al ministro bonaerense Javier Alonso en un encuentro virtual vía Zoom que contó con la participación del propio Kicillof. Aunque a esa cumbre asistieron varios dirigentes, la intromisión de Casaretto como «portador del sello» desató un fuerte rechazo en los intendentes.
En el microclima del peronismo territorial, las críticas hacia Casaretto son despiadadas. Cuestionan su falta de estructura propia y la ausencia de tracción territorial real. La indignación entre los jefes comunales llegó a tal punto que en los pasillos de las intendencias ya se escucha una frase lapidaria: “Si Kicillof cree que va a armar la provincia con Casaretto como referente, al final tenía razón Cristina al decir que es un igrnuo que no sabe nada de política”.
Esta disputa por la representación de Axel Kicillof expone una fractura metodológica y de poder en el PJ de Entre Ríos. Por un lado, la liga de intendentes exige respaldar la construcción política en gestiones locales, votos reales y territorio, rechazando de plano que las candidaturas provinciales se definan por autoproclamaciones mediáticas o vínculos de oficina. Por otro lado, la probable eliminación de las primarias agrava el panorama, trasladando la pelea por los lugares en las listas a una guerra de desgaste interno donde la pretensión de Casaretto de monopolizar el espacio debilita la unidad del campo popular en la provincia.
El espectáculo que ofrece el peronismo entrerriano vuelve a poner de manifiesto sus vicios más arraigados: la lucha de egos, el loteo de candidaturas y la subordinación a liderazgos externos. En lugar de construir una propuesta sólida y coordinada frente al oficialismo provincial, los actores locales prefieren enredarse en una repartija anticipada de cargos y en internas feroces para ver quién obtiene «la bendición» de La Plata. Si el proyecto de Axel Kicillof en la provincia termina recayendo en dirigentes sin votos ni territorio como sostienen desde los sectores de Marcelo Casaretto, o se empantana en la ambición personal de caciques locales, el PJ entrerriano no solo le dará la razón a sus detractores más severos, sino que confirmará su incapacidad para ofrecer una alternativa seria y conectada con la realidad.
