Stratta llevó a Diputados a la pareja de su principal operador y todavía debe explicar qué función cumplió

Laura Stratta suele hacer de la transparencia y la responsabilidad en el manejo de los recursos públicos uno de los ejes centrales de sus intervenciones políticas. Sin embargo, dentro de su propia estructura legislativa emerge una situación opaca que exige explicaciones inmediatas e impostergables.

Se trata de Jesica Villagra, pareja de Leonardo “Nano” Centurión, uno de los dirigentes y operadores políticos de mayor confianza dentro del esquema de Stratta. Villagra ingresó al Estado en el año 2016 y, tiempo después, durante la etapa de Stratta al frente de la Cámara de Diputados de la provincia, fue vinculada formalmente a la estructura administrativa de la Cámara.

La pregunta central es sencilla pero contundente: ¿qué función concreta cumplió Villagra durante su permanencia en la estructura vinculada a Stratta?

La documentación disponible acredita indefectiblemente su vínculo contractual con la Legislatura provincial y expone a Centurión como uno de los funcionarios asociados a la gestión y asignación de contrataciones de personal. Pero lo que todavía requiere una explicación pública clara es cuál fue específicamente la tarea desempeñada por Villagra, cuáles eran sus responsabilidades cotidianas y qué trabajo efectivo realizó para justificar el cobro de fondos públicos.

Para dimensionar la gravedad institucional del caso resulta necesario repasar el cronograma de acontecimientos y los nombres que giran en torno al operador de confianza de Stratta. Leonardo «Nano» Centurión, quien se desempeñó como pieza clave en el engranaje del Senado durante años, sobre todo bajo la gestión institucional de Laura Stratta entre 2019 y 2023, aparece en el centro de dos historias contractuales que involucran a dos parejas de distintas etapas de su vida.

  • La primera esposa: Fabiola Soraya Claret
    El antecedente más grave se remonta a más de dos décadas atrás. Entre las nóminas contractuales bajo investigación resalta el nombre de Fabiola Soraya Claret, primera esposa de Centurión. Según consta en la investigación y en las planillas oficiales, Claret figuraba como contratada en la nómina del Estado desde el año 2003. Lo escandaloso del caso es que habría estado contratada durante años sin saberlo: le habrían falsificado la firma sistemáticamente para cobrar un sueldo mensual que ella jamás vio. Las sospechas apuntan a que su propio entorno facilitó su identidad para alimentar un esquema de «contratados fantasma», utilizado para desviar fondos públicos sin levantar sospechas.
  • La pareja posterior: Jesica Villagra
    Años más tarde, el mecanismo de contrataciones cercanas volvió a encender las alarmas. En 2016, Jesica Villagra, pareja posterior de Centurión, ingresó formalmente a la plantilla estatal y, más adelante, fue incorporada a la estructura de la Cámara de Diputados conducida por Stratta. A diferencia del caso de Claret, donde la hipótesis principal es la usurpación de firma y el desconocimiento del contrato, en el caso de Villagra la duda pasa por la efectividad de sus labores y la falta de registro de las funciones que desempeñó en el recinto.

Ahí es donde aparece una profunda contradicción política que Laura Stratta debe aclarar.

Cuando se habla públicamente de transparencia en el uso de las arcas del Estado, el estándar ético y legal debe ser idéntico para todos, sin excepciones ni privilegios para los allegados del poder. Muy especialmente cuando se trata de personas estrechamente vinculadas a dirigentes de máxima confianza dentro del bloque.

Stratta tiene hoy una pregunta puntual que responder ante la ciudadanía: qué trabajo realizó Jesica Villagra en la estructura de Diputados y qué funciones cumplía.

No alcanza con la sola exhibición de una designación formal o una resolución administrativa firmada en un despacho. Si hubo trabajo real, corresponde explicar en qué consistió de manera transparente. Y si existió una función concreta, esta debería poder ser acreditada fehacientemente con elementos de prueba.

La transparencia que se exige con firmeza hacia afuera también debe aplicarse con absoluta severidad puertas adentro. Mientras las respuestas no aparezcan, las sombras sobre el uso discrecional de los recursos en la Legislatura provincial seguirán ensombreciendo el discurso oficial.

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