Del llanto por teléfono a la «amenaza del libro»: la desesperada maniobra de Juan Carlos Chagas para salvar SU botín de 30 millones mensuales y viáticos de opulencia.

La desvergüenza política suele tener capítulos grotescos, pero pocas veces adopta la forma de una gacetilla literaria. En las últimas horas, acorralado por un decreto presidencial de remoción que ya está sobre el escritorio de Javier Milei, Juan Carlos Chagas decidió jugar su última carta: el chantaje público disfrazado de memorias. Mediante un pomposo anuncio en medios de Concordia, el todavía vocal de la Comisión Técnica Mixta (CTM) de Salto Grande prometió la publicación de un libro que develará lo que ocurre «en las entrañas» de la represa, incluyendo un capítulo sugestivamente titulado “Una temporada en Salto Grande”.

Lo que Chagas presenta como un ejercicio de nostalgia y «pasión periodística» no es más que una abierta y asquerosa amenaza extorsiva. No escribe por pedido de sus amigos; escribe porque el agua le llegó al cuello. Tras meses de una tensión asfixiante y de negarse sistemáticamente a presentar una renuncia decorosa, el Gobierno Provincial que encabeza Rogelio Frigerio, en tándem con la Nación, decidió avanzar con su expulsión fulminante por decreto. Al verse cercado, el «camaleón» de Concordia activó el ventilador editorial: o le cuidan el sillón y los privilegios, o saca a la luz los secretos del engranaje energético.

Quienes conocen a Chagas desde su Concordia natal, desde la primera hora, no se sorprenden de este mecanismo. Su frondoso prontuario político lo define a la perfección: pudo haber sido menemista, cafierista, duhaldistas, «hermano de la vida» de Jorge Busti, Urribarrista, kuerdista y, finalmente, un ferviente «Chaguista». Su única e innegable ideología ha sido la supervivencia en la «crocante estatal».

Hoy, su figura se ha vuelto completamente radiactiva. Chagas es el cordón umbilical en la CTM del exsenador peronista Edgardo Kueider, actualmente detenido bajo arresto domiciliario en Paraguay por causas de enriquecimiento ilícito y manejos oscuros de dinero en efectivo. La estructura que Chagas manejaba en Salto Grande no era un centro de desarrollo energético; era, según se investiga con indignación en Paraná, el presunto engranaje financiero para sostener el aparato político de su jefe detenido.

El pacto espurio que en 2024 firmó Milei con Kueider a través del Decreto 523/2024, modificando la histórica normativa del Decreto 132/2004 para otorgarle a Entre Ríos el control directo de las tres delegaciones argentinas ante la CTM a cambio de votos legislativos,  terminó pariendo este monstruo de privilegios. Un botín que Chagas defendió hasta el ridículo: se filtró en los pasillos oficiales que, en un acto de desesperación absoluta, el dirigente mantuvo agónicas llamadas telefónicas con ministros de primera línea donde, entre sollozos y ruegos, suplicaba que no lo echen, aferrándose a acuerdos políticos que la realidad y la justicia penal ya pulverizaron.

Mientras intenta posar de intelectual o víctima de «asquerosas extorsiones», proyectando en otros sus propias prácticas, la realidad material de Chagas insulta la moral de los entrerrianos. El funcionario percibe un sueldo astronómico de 30 millones de pesos mensuales mientras reside de forma permanente en la exclusividad de San Isidro, en la zona norte del Gran Buenos Aires, a cientos de kilómetros de los ríos que según él «estudia».

Pero lo que desató la repulsión transversal de la alianza gobernante (PRO, UCR, MID y el peronismo aliado) fue su impúdica «rapiña de viáticos» de último momento. Sabiendo que su ciclo estaba agotado, Chagas comenzó a viajar desde su opulenta residencia bonaerense hacia la sede de la CTM con el único objetivo de activar el cobro de viáticos diarios, que ascienden a 500.000 pesos por cada jornada de presencia. Una sola semana de esta «presencialidad simulada» le reportaba un extra de 2,5 millones de pesos.

La trayectoria de Chagas en la administración pública provincial es una saga repetida de ambición, soberbia y salidas escandalosas, desde su eyección de la presidencia de ENERSA hasta su traumático paso por la Secretaría de Transporte, de donde fue desalojado de manera fulminante. Su permanencia en la CTM era un «incendio interno» y un enigma imposible de explicar para las bases electorales que exigen austeridad.

Con el pedido formal de destitución presidencial, Rogelio Frigerio logra extirpar lo que en la provincia ya denominan el «Mal de Chagas», cerrando una herida que drenaba la confianza pública. La amenaza del libro es el manotazo de ahogado de un dirigente que se resiste a perder los privilegios de una isla de opulencia estatal. Si Chagas quiere escribir sobre «las entrañas» de Salto Grande, que lo haga; pero tendrá que hacerlo lejos de las cajas millonarias del Estado y, muy probablemente, rindiendo cuentas ante la Justicia ordinaria por el despojo a la infraestructura regional. El tiempo de los blindajes para los que viven de la impunidad y el chantaje impreso ha llegado a su fin.

Dejar Comentario