Bordet, en el poder y en la enfermedad

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El síndrome de Hubris: las dudas propias sobre un ascenso con un poder prestado, una regio de incondicionales y obsecuentes que lo felicitan y reconocen, el autoconvencimiento de los méritos propios, éxito en lo afectivo e incluso sexual, la infalibilidad, la impunidad, la negación, luego paranoia, y por último, Némesis, el castigo.

Todos los días, desde hace varios años, venimos exponiendo las dificultades que enfrenta la Provincia en materia económica y financiera, las cuales han ido aumentando de manera progresiva.

El gobernador Gustavo Bordet, no empezó con una mala gestión, había agarrado una provincia, según sus propias palabras, desbastada por la gestión de Sergio Urribarri.

Su discurso de desbarajustes de las cuentas públicas fue algo que le costó hacer público, lógicamente porque era consciente de que asumía la conducción de la Provincia más no el poder que seguía estando al mando de quien lo ungió para ser gobernador.

Ya es historia pasada pero vale recordarlo, Urribarri no quería que Bordet lo sucediera, su plena convicción estaba inclinada hacia la figura de su entonces ministro de gobierno, Adán Bahl, que encima contaba con el acompañamiento de la mayoría de los intendentes peronistas.

Sin embargo, a Urribarri lo influyeron de tal manera, que, a pesar de no contar con ninguna estructura propia más que la intendencia, con un puñado de jefes comunales y un aporte importante que le brindó un sector de la prensa, la cual la mayoría empujaba para Bahl, se terminó inclinando por bendecir por el concordiense.

Bordet asumió la gobernación en diciembre del 2015, pero al menos por 10 meses posteriores, el poder lo mantuvo Urribarri, esto fue hasta diciembre del 2016, cuando Bordet dio la primera muestra de su alejamiento por completo al sector, despotricando ni más ni menos contra quien lideraba –y aun lidera- nacionalmente el espacio del ex gobernador, Cristina Fernández.

Aun son tristemente recordadas y en la militancia kirchnerista todavía duelen las palabras de Bordet dando muerte al sector y a la ex presidenta.

A los pocos meses partir de allí el mandatario entrerriano no solo se empezó a mostrar muy lejano al kirchnerismo, sino también a todo lo que tuviera que ver con el peronismo, la oleada nacional de Cambiemos así se lo imponía, y lo que es peor puertas adentro del partido que preside, comenzó a exhibirse muy cercano ye incluso amigo del ministro del interior Rogelio Frigerio y del presidente Mauricio Macri.

Pero volviendo a los vaivenes económicos de la provincia, más allá de las críticas partidarias, Bordet logró medianamente enderezar en algo el desbarajuste en que todos coinciden fue producto del despilfarro.

Sin embargo, cuando la Provincia recomenzaba a respirar, aunque aun con el respirador artificial otorgado por el Gobierno Nacional, el gobernador y sus funcionarios, ya sumidos en el poder y exultantes por su cercanía con Macri y los beneficios que esto traía, empezaron a gastar más de la cuenta, iniciándose así el periodo de una fiesta descomunal de viáticos, gastos de representación, alquileres desmesurados e inútiles, compras de vehículos de alta gama, sueldos exorbitantes, etc., los cuales no solo que se mantuvieron sino que en la actualidad se acrecentaron notablemente.

Como si esto fuera poco, funcionarios de extrema importancia se empezaron a manejar con total impunidad, una vez en la cima del poder, inician una etapa de desapego a la ley, se autoconciben como intocables y superiores al resto de los mortales, apareciendo así hechos graves de corrupción.

La Justicia entrerriana, en materia de corrupción, no ha ayudado mucho, desde la implementación de la procuración general y la designación de Jorge Amilcar García como titular del cargo han pasado 13 años, en todo este periodo solo en siete causas penales llevadas adelante por el organismo se ha obtenido condena por delitos contra la administración pública. El dato surge de la página web del Ministerio Publico Fiscal.

A finales del 2018 y principio del 2019, el gobernador entrerriano comenzó a dar muestras acabadas de que vivía en una realidad paralela de la que viven los ciudadanos.

Se encegueció bajo los términos de transparencia, honestidad, austeridad y cuentas claras, se autoconvenció de que su persona y su gestión eran transparentes, honestas, austera y cuentaclarista y que la provincia marchaba bien, no quiso ver otra cosa.

Se comenzaba a perfilar su periodo de negacionismo, el triunfo electoral en la Provincia no ayudaron en nada.

Bordet se creyó  infalible, magnánimo, convenciéndose de ser el dueño de los votos, cuando la realidad indicaba, que la tracción vino de abajo hacia arriba porque, de que existía un malestar generalizado con las políticas de ajuste de Cambiemos contra quien polarizó exclusivamente a nivel y que no tuvo conteniente.

Los analistas y entendedores políticos en aquel entonces aseguran que si Frigerio hubiera sido el candidato, otra hubiera sido la historia. Esta hipótesis hicieron surgir versiones de un acuerdo político y electoral del gobernador entrerriano con el macrismo el cual incluía liberar la zona para los comicios provinciales por parte de Cambiemos y la contraprestación consistía en idéntica actuación para los comicios nacionales por parte del bordetismo en favor de Macri.

Los resultados de las elecciones nacionales en la provincia donde Macri, a pesar de todo el contexto nacional se impuso en una provincia peronista, sumado a la inacción del oficialismo provincial que puso cero estructura en favor de los Fernández, aportan credibilidad a la hipótesis.

Igualmente Bordet no tuvo que hacer u omitir mucho para que el peronismo perdiera, la invotable lista que armó y las denuncias por hechos graves de corrupción contra su persona y sus funcionarios, hicieron mella en los entrerrianos.

El 27 de octubre, Bordet visibilizó su negacionaismo, lo expuso ante el público, no asumía la derrota, luego se expandió, el gobernador comenzó a manejarse como si en la Provincia no existiera el déficit y crisis o al menos él y sus funcionarios se comportan y manejan  como si no existiera con un despilfarro que lejos de disminuirse se incrementa a diario.

La fiesta sigue para el bordetismo, mientras tantos para los trabajadores, jubilados y ciudadanos en general ajustes, disminuciones de derechos, el cual solamente  es comparable con la peor crisis de la provincia, la del 2000.

Estas conductas, acciones, omisiones, vaivenes en el comportamiento del gobernador, tienen su fundamentación en la ciencia política y en principio hasta en la medicina e incluso en la psicología.

En el año 2008 un médico británico dedicado a la política, Lord David Owen publicó un interesante estudio de seis años del cerebro de los líderes políticos, titulado “En el poder y en la enfermedad”.

En la obra, muy interesante por cierto para tratar de entender qué les pasa a los políticos,  no solo describe algunas de las enfermedades físicas sufridas por varios presidentes a través de la historia, sino también hace una descripción del perfil psicológico de esos mandatarios al que se le llama Síndrome de hubris o enfermedad por el poder.

Bordet, viene dando concretas señales, de las cuales se desprende, a manera de conclusión inicial, ser el padecimiento del mandatario provincial, aunque, le advertimos al lector, que aún no ha sido catalogado como una enfermedad por la psiquiatría.

Owen establece que una común detonante en los políticos es que la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable.

Sostiene que los líderes que sufren de este síndrome creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites.

Abocados a la lectura del libro, la cual recomendamos, observamos que el autor, de profesión médico y político, perteneció al partido británico laboralista, fue secretario de Relaciones Exteriores británico e integrante de la cámara de los Lores, aunque nunca dejo de ejercer la medicina, comienza su libro con una introducción donde asemeja su primera profesión, la medicina, con la segunda, la política.

Los políticos, para Owen, también tienen en sus manos la vida de las personas. Esto es muy evidente cuando gobiernan en tiempo de guerra, pero no sólo entonces. Los políticos, y especialmente los jefes de Gobierno, toman muchas decisiones que tienen consecuencias trascendentes en la vida de la gente que gobiernan e incluso, en los casos más extremos, pueden ser cuestión de vida o muerte… Es asimismo deber del político intervenir sólo cuando hay probabilidades de que la intervención mejore el statu quo y resistirse a la exigencia de actuar por actuar. La famosa observación de Bismarck según la cual la política es el arte de lo posible expresa la misma idea de que la ambición tiene que ir acompañada de modestia…Todo lo que empañe ese juicio puede hacer un daño considerable.

En un extracto de su introducción citando a la historiadora, y premio Pulitzer, Barbara sostiene que somos menos conscientes de que el poder genera locura, de que el poder de mando impide a menudo pensar, de que la responsabilidad del poder muchas veces se desvanece conforme aumenta su ejercicio.

La general responsabilidad del poder es gobernar de la manera más razonable posible en interés del Estado y de los ciudadanos. En ese proceso es una obligación mantenerse bien informado, prestar atención a la información, mantener la mente y el juicio abiertos y resistirse al insidioso encanto de la estupidez. Si la mente está lo bastante abierta como para percibir que una determinada política está perjudicando en vez de servir al propio interés, lo bastante segura de sí misma como para reconocerlo, y lo bastante sabia como para cambiarla, eso es el súmmum del arte de gobernar.

Los actos de hybris, ssotiene Owen, son mucho más habituales en los jefes de Estado y de Gobierno, sean democráticos o no, de lo que a menudo se percibe; la hybris es un elemento fundamental de la definición de insensatez que ofrece Tuchman: «Una perversa persistencia en una política demostrablemente inviable o contraproducente». Y prosigue: «La estupidez, la fuente del autoengaño, es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el gobierno. Consiste en evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario […] por tanto, la negativa a sacar provecho de la experiencia»

Una característica de la hybris, dice el autor británico, es la incapacidad para cambiar de dirección porque ello supondría admitir que se ha cometido un error.

Cita a Bertrand Russell, el cual escribió: «El concepto de “verdad” como algo que depende de hechos en buena medida fuera del control humano ha sido una de las maneras que ha tenido hasta ahora la filosofía de inculcar el necesario elemento de la humildad. Cuando se elimina este freno del orgullo, se da un paso más hacia un cierto género de locura: la embriaguez del poder»

Menciona en su libro, que de los dirigentes embriagados de orgullo y poder dicen con frecuencia los legos que están «desquiciados» o «chiflados», e incluso que se han vuelto «locos», aunque éstos no son términos que la profesión médica utilizaría para referirse a ellos en una democracia,… un político está para servir a la gente y que el poder se tiene en préstamo y puede ser retirado.

Uno de estos términos tradicionales, que ya no forma parte del léxico profesional pero cuyo uso por parte de las gentes es, a su juicio, totalmente legítimo, es «megalomanía, la cual, entiende,  puede ser uno de los gajes del oficio para los políticos, y su manifestación en forma desarrollada, la hybris, es un tema legítimo de estudio para la profesión médica.

Aclara que “Hybris” no es todavía un término médico. Su significado, sostiene el británico,  más básico se desarrolló en la antigua Grecia simplemente como descripción de un acto: un acto de hybris era aquel en el cual un personaje poderoso, hinchado de desmesurado orgullo y confianza en sí mismo, trataba a los demás con insolencia y desprecio. La trayectoria de la hybris tenía más o menos las siguientes etapas. El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza: empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa. Este exceso de confianza en sí mismo lo lleva a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea y a cometer errores. Al final se lleva su merecido y se encuentra con su némesis, que lo destruye. Némesis es el nombre de la diosa del castigo; en el drama griego a menudo los dioses ordenan la némesis porque se considera que en un acto de hybris el perpetrador trata de desafiar a la realidad dispuesta por ellos. El héroe que comete el acto de hybris pretende transgredir la condición humana, imaginando que es superior y que tiene poderes más similares a los de los dioses. Pero los dioses no toleran semejante cosa, de modo que son ellos quienes lo destruyen. La moraleja es que debemos guardarnos de permitir que el poder y el éxito se nos suban a la cabeza, haciéndonos sacar los pies del plato.

Al observar a los dirigentes políticos, lo que le interesa a Owen – circunstancia que deberia interesar a todos entrerrianos en este caso-, es la hybris como descripción de un tipo de pérdida de capacidad. Este modelo resulta muy familiar en las carreras de los líderes políticos cuyo éxito les hace sentirse excesivamente seguros de sí mismos y despreciar los consejos que van en contra de lo que creen, o en ocasiones toda clase de consejos, y que empiezan a actuar de un modo que parece desafiar a la realidad misma.

El agravante que se plantea con este padecimiento, es que los síntomas conductuales que podrían dar lugar a un diagnóstico de síndrome de Hubris aumentan en intensidad, de manera típica, conforme aumenta en duración la permanencia de un jefe de Gobierno en el poder.

Particularmente interesante es la opinión de Owen respecto de los síntomas, el autor entiende que es necesario que presente más de tres o cuatro síntomas de la siguiente lista provisional para que se pueda diagnosticado el hybris:

(1) una inclinación narcisista a ver el mundo, primordialmente, como un escenario en el que pueden ejercer su poder y buscar la gloria, en vez de como un lugar con problemas que requieren un planteamiento pragmático y no autorreferencial;

(2) una predisposición a realizar acciones que tengan probabilidades de situarlos a una luz favorable, es decir, de dar una buena imagen de ellos;

(3) una preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación;

(4) una forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y una tendencia a la exaltación;

(5) una identificación de sí mismos con el Estado hasta el punto de considerar idénticos los intereses y perspectivas de ambos;

(6) una tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o utilizando el mayestático «nosotros»;

(7) excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo y la crítica ajenos;

(8) exagerada creencia –rayando en un sentimiento de omnipotencia– en lo que pueden conseguir personalmente;

(9) la creencia de ser responsables no ante el tribunal terrenal de sus colegas o de la opinión pública, sino ante un tribunal mucho más alto: la Historia o Dios;

(10) la creencia inamovible de que en ese tribunal serán justificados;

(11) inquietud, irreflexión e impulsividad;

(12) pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento;

(13) tendencia a permitir que su «visión amplia», en especial su convicción de la rectitud moral de una línea de actuación, haga innecesario considerar otros aspectos de ésta, tales como su viabilidad, su coste y la posibilidad de obtener resultados no deseados: una obstinada negativa a cambiar de rumbo;

(14) un consiguiente tipo de incompetencia para ejecutar una política que podría denominarse incompetencia propia de la hybris. Es aquí donde se tuercen las cosas, precisamente porque el exceso de confianza ha llevado al líder a no tomarse la molestia de preocuparse por los aspectos prácticos de una directriz política. Puede haber una falta de atención al detalle, aliada quizá a una naturaleza negligente. Hay que distinguirla de la incompetencia corriente, que se da cuando se aborda el trabajo, necesariamente detallado, que implican las cuestiones complejas, pero a pesar de ello se cometen errores en la toma de decisiones.

Se aclara que lo resaltado pertenece a la redacción, son todas conductas o actitudes muy visibles en Bordet y también en varios de sus importantes funcionarios.

Resulta muy interesante y destacable la advertencia que hace el autor respecto de lo que sí es considerado una enfermedad y que, puede desembocar en un diagnostico que, a contrario del hybris, si es médico: un  trastorno bipolar.

En este sentido, David Owen, indica que los médicos en el pasado solían buscar síntomas o signos para diagnosticar la fase maniaca del trastorno bipolar, entre las cuales se mencionan:

  1. Aumento de la energía, la actividad y la inquietud
  2. Estado de ánimo eufórico, excesivamente «alto»
  3. Irritabilidad extrema
  4. Pensamientos que se agolpan, hablar muy deprisa, saltando de una idea a otra
  5. Distracción, incapacidad para concentrarse bien
  6. Necesidad de pocas horas de sueño
  7. Creencia poco realista en las capacidades y poderes de uno
  8. Juicio deficiente
  9. Un duradero período de conducta diferente de la habitual
  10. Aumento del impulso sexual
  11. Abuso de drogas, en especial cocaína, alcohol y fármacos
  12. Conducta provocadora, impertinente o agresiva
  13. Negar que pasa algo
  14. Despilfarro de dinero

Una reconocida colega periodista española, con probada experiencia en los asuntos políticos, Isabel F. Lantigua en “El País” publicó algunos de los ítems en que los psiquiatras coinciden respecto a la carrera de los políticos y su inclinación hacia este síndrome:

a) Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de dudas sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta siente éxito en lo sexual y afectivo.

b) Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en megalomanía, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible, es entonces cuando los políticos comienzan a realizar planes estratégicos para largo plazo, como si ellos fueran a estar todo ese tiempo, a hacer obras faraónicas o a dar conferencias de un tema que desconocen.

c) Tras un tiempo en el poder, los afectados por el ‘Hubris’ padecen lo que psicopatológicamente se llama ‘desarrollo paranoide’. Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese del puesto o la pérdida de una elección que directamente le afecte donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende.

Como podrá apreciarse, lo descripto se condice mayormente con la figura del mandatario entrerriano, los ítems son paradigmáticos y comparables si lo representamos idealmente, aunque no exclusivamente, la historia  política de varios entran perfectamente en la descripción e incluso actualmente se extienden a varios de sus importantes funcionarios y hasta a algunos de sus familiares.

Sin embargo hoy  y desde diciembre del 2015 hasta diciembre del 2023, el que gobierna es Bordet

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5 comentarios

Tito 2 febrero, 2020 at 9:54 am

Muy buen artículo; explicativo de la crisis de liderazgo que padecemos. Se debe sobre todo, a que a medida que la política que supimos conseguir, se fue apartando de los intereses populares y centrando en el beneficio de la casta, fue expulsando automáticamente a los buenos valores, y sosteniendo a los secuaces que sirven al único interés del beneficio económico de cada uno. Tenemos entonces que en los máximos niveles del estado en todos sus estamentos, subsisten y prosperan individuos mediocres, mezquinos, mendaces, insignificantes, insensibles, necios, y en muchos casos lo menos apto de la sociedad. Lo vemos con los gastos de privilegio y la apropiación de bienes de todos, los falsos contratos para engrosar ingresos, la total inacción de la gran mayoría de las áreas del estado, los sobreprecios, la complicidad y constante recompensa a los peores, y la expulsión de quienes muestran un mínimo de sensibilidad y responsabilidad. Y Las gestiones de Bordet muestran lo anterior a carta cabal, y no sería aventurado predecir que va camino a su propio derrumbe.

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Cesar 2 febrero, 2020 at 10:15 am

Muy interesante este articulo

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El Muñeco Maldito 3 febrero, 2020 at 9:13 am

Yo creía que era medio pelotudo nomás

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teresa 3 febrero, 2020 at 9:39 am

Detaco el valor para la reflexiòn de este artìculo…GRACIAS

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teresa 3 febrero, 2020 at 9:40 am

Siempre me pregunto si, el accionar erràtico de eso que algunos llaman JUSTICIA, NO PUEDE SENTAR PRECEDENTES PARA OTROS PROCESADOS, DENUNCIADOS, y otras yerbas del DELITO???

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