El «Mal de Chagas» se termina por el efecto dominó de Kueider: un adiós entre lagrimitas y burlas digitales

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Nuestra publicación del 26 de diciembre sobre Chagas no deja de tener repercusión en redes sociales, y desata un torrente de comentarios que fluye más que el agua de Salto Grande. En la mitología política entrerriana, pocos organismos han sido tan codiciados como la Comisión Técnica Mixta (CTM) de Salto Grande. Durante décadas, fue percibida como un refugio de sueldos astronómicos y «jubilaciones anticipadas» para la élite política. Sin embargo, hoy ese refugio se ha transformado en un escenario de naufragio. La noticia es contundente: la Justicia paraguaya ha cerrado todas las puertas a Edgardo Kueider, y con ese portazo en Asunción, se apaga la última luz en la oficina de su aliado incondicional, Juan Carlos Chagas.

La Justicia paraguaya negó «la apelación de la apelación» presentada por Kueider y se acelera el ocaso de Chagas en Salto Grande

Pero el verdadero termómetro de este ocaso no se encuentra en los expedientes judiciales, sino en la sección de comentarios de las redes sociales. Allí, los ciudadanos han transformado la desgracia de los protagonistas en una verdadera cátedra de sarcasmo, memoria colectiva y un ensañamiento casi artístico.

La caída de Chagas se describe como una «sentencia de muerte política» dictada por la gestión actual de la Casa Gris, que parece haber encontrado en el revés judicial de Kueider, atrapado con 200 mil dólares en la frontera, la excusa perfecta para soltar lastre. Se dice que el histórico dirigente, al verse acorralado, intentó desesperadas gestiones telefónicas que terminaron en un llanto de impotencia ante la negativa de ser recibido por el gobernador.

La reacción popular ante esta faceta «humana» del dirigente fue de una frialdad absoluta. En los foros digitales, los usuarios se preguntaban con malicia qué aportó realmente este «resucitado» de la política durante todos estos años, calificando su regreso a la CTM como un intento de «hacer de las suyas» bajo el ala protectora de un padrino que hoy duerme en Paraguay.

Uno de los conceptos más repetidos por la audiencia digital fue la comparación de la estructura política con el juego del Jenga: basta con mover una pieza clave para que toda la torre de privilegios se desmorone. Esta metáfora resuena con fuerza entre quienes ven la relación Kueider-Chagas como un vínculo de dependencia absoluta, donde el segundo solo existía políticamente mientras el primero tuviera capacidad de negociación.

La mofa se volvió especialmente punzante al tocar el cambio de estilo de vida que le espera a la dupla. «De mate caliente cebado por secretarias a tereré entre las rejas«, disparó un internauta, resumiendo el sentir general sobre el destino del exsenador y la inminente orfandad de su protegido. La ironía no es casual; el contraste entre la opulencia de los sueldos en dólares de la represa y la austeridad de un proceso penal es una imagen que los usuarios saborean con una mezcla de justicia y resentimiento social acumulado.

No todo es optimismo en el barro digital. Un sector importante de la audiencia mira la salida de Chagas con  escepticismo. Para muchos, su remoción a fines de enero no es necesariamente el fin de la corrupción, sino un simple «cambio de guardia».

Surgieron dudas ácidas sobre si el puesto vacante será ocupado por alguien idóneo o si simplemente servirá para que el gobierno actual acomode a algún «amigo» o un aliado de turno. Esta desconfianza demuestra que la sociedad ya no solo celebra la caída del que se va, sino que vigila con desconfianza al que llega, sospechando que los «miles de dólares por mes» que deja de cobrar Chagas simplemente cambiarán de bolsillo.

El aislamiento de Chagas es el punto que más morbo generó. Muchos usuarios digitales sugirieron que, ahora que ha sido abandonado a su suerte y su «blindaje» ha desaparecido, sería el momento ideal para que el dirigente «empiece a cantar«. Existe una expectativa latente de que, en su caída, Chagas pueda arrastrar consigo a otros actores del esquema político que, según los comentarios, «estarán rezando» para que el hombre de la CTM mantenga el silencio.

Mientras la Justicia paraguaya ratifica el juicio oral para abril de 2026 y el Gobierno de Entre Ríos pule los detalles administrativos para la expulsión de Chagas, el clima social deja una lección clara: el tiempo de la impunidad garantizada por el «padrinazgo» está bajo la lupa ciudadana.

Entre chistes sobre la herencia de cargos, críticas a la «militancia del sueldo alto» y pedidos de cárcel efectiva, la crónica de este cierre de ciclo no la escriben solo los jueces, sino los miles de ciudadanos que, con un emoji de risa o una frase cargada de veneno, le dan el último adiós a una forma de hacer política que se quedó sin oxígeno.

Desde los despachos de la Casa Gris, el relato se construye con la pulcritud de quien realiza una cirugía necesaria. Para el gobierno de Rogelio Frigerio, soltar la mano de Chagas es una bandera de transparencia, un «ahora sí» frente a los privilegios del pasado. Se busca instalar la idea de una purga moral: el funcionario cae porque el esquema de impunidad se agotó. Es un discurso ordenado, prolijo y, sobre todo, conveniente para los tiempos de ajuste que corren.

Sin embargo, al cruzar el umbral hacia el «Muro de Facebook« y las redes sociales, la épica oficial se desmorona frente a un cinismo ciudadano que ya no tiene filtro. Para el entrerriano que comenta entre mate y mate, la salida de Chagas no es un acto de justicia, sino un accidente de la física política. En el imaginario popular, Chagas no se va porque el Gobierno haya «visto la luz», sino porque Edgardo Kueider, su gran protector, se quedó sin fichas en el casino judicial paraguayo. Como bien graficaron los usuarios, es el «Efecto Jenga»: sacaron la pieza de abajo y el que estaba arriba descubrió, entre llantos y desesperación, que la gravedad no perdona.


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