Cuadernos de las coimas: Cristina Kirchner denunció “prácticas mafiosas” y atacó al fiscal y a los jueces

En su declaración presencial, la expresidenta calificó el caso como “un disparate” y dijo que “se construyeron las pruebas”. Apuntó contra Stornelli y Bonadio. No respondió preguntas del Tribunal

La expresidenta Cristina Kirchner, que cumple una condena de 6 años por corrupción en la causa Vialidad, declaró esta mañana en el juicio de los cuadernos de las coimas en los tribunales de Comodoro Py 2002. En su alocución, de casi una hora, intentó desacreditar el proceso, cargó en duros términos contra el fiscal que instruyó la causa –Carlos Stornelli– e hizo pequeñas alusiones a la coyuntura política.

La expresidenta no contestó preguntas del Tribunal respecto a los cargos en su contra -“no voy a formar parte de este circo”, dijo-, pero previo al inicio de su alocución, sí debió responder un breve interrogatorio formal del juez Enrique Méndez Signori sobre datos personales que evidenciaron la tensión con el tribunal.

“Es una causa de persecución política”, arrancó Cristina Kirchner su defensa. “Estoy injustamente detenida”, señaló, haciendo referencia a la condena que cumple por el caso Vialidad. “En el caso de los cuadernos hay un estadio superior: hay prácticas mafiosas de jueces y fiscales”, cuestionó el proceso por el que es juzgada.

A la izquierda, a menos de un metro y medio, la expresidenta tenía a los jueces del Tribunal Oral Federal 7, que la miraron y escucharon con atención. Méndez Signori y Germán Castelli -que unía las puntas de sus dedos- tomaban alguna nota aislada en sus cuadernos.

“Hubo una oleada de detenciones para apretar a empresarios para que declaren en contra de Cristina. Prácticas mafiosas”, denunció la expresidenta. Además, criticó el accionar y “el manejo delictivo y criminal” que tuvieron el juez Claudio Bonadio y el fiscal Stornelli del caso, puntualmente sobre la interpretación de la denominada ley del arrepentido.

La renovada sala AMIA de Comodoro Py, con dos pisos y una capacidad para 200 personas, fue el escenario de su declaración. Además de la prensa, allí estuvieron presentes muchos dirigentes del kirchnerismo, que la acompañaron durante su intervención e incluso “interactuaron” con el Tribunal. “La jefa”, gritaron al inicio cuando se le preguntó a Cristina Kirchner si tenía algún apodo. “Caradura”, le espetaron en otro tramo al presidente Méndez Signori, en otro tramo. Hubo efectivos de varias fuerzas federales.

“Construyeron las pruebas -siguió Cristina Kirchner- hubo forum shopping y apretaron y amenazaron a los empresarios para que digan cualquier cosa”. La expresidenta volvió sobre algunos de los puntos planteados por su defensa -en manos de Carlos Beraldi y Ary Chernovoy- durante las cuestiones preliminares del proceso, que precedieron a la ronda de indagatorias que hoy inauguró la expresidenta.

“El armado y la instrucción que tuvo a través de Bonadio y Stornelli se dio entre 2016 y 2019″, indicó la expresidenta, vestida de traje negro y camisa blanca, y pelo arreglado. Basó gran parte de su defensa en el caso del falso abogado Marcelo D´Alessio, condenado por asociación ilícita, espionaje ilegal y extorsión y que tuvo presuntos vínculos con el fiscal Stornelli.

Cristina Kirchner tenía varios papeles sobre el estrado, algunos escritos a mano y otros impresos. Fueron apenas apoyaturas que casi no miró durante los 50 minutos que habló.

“Por esta causa [Cuadernos] me dieron vuelta las casas. ¿Dónde está la plata? Cómo, cuándo y dónde fueron todos los episodios que dicen. ¿Qué es eso de que se robaron un PBI? ¿Saben cómo vivo, cómo viven mis hijos?“, dijo Cristina Kirchner sobre las acusaciones de haber recibido sobornos. En este causa enfrenta una dura acusación que la pone como jefa de un presunto mecanismo de recaudación ilegal y le achaca haber cobrado más de 200 coimas por parte de empresarios.

“Vialidad es un poroto al lado de esto”, comparó. “Esta causa [por Cuadernos] fue pergeñada. Alguien puede pensar que hay un Poder Judicial respetable. Cuando veo lo que dicen y se sigue adelante con el juicio, veo que la sentencia ya está escrita”, dijo. Y trazó paralelismos entre lo que fue el proceso de Vialidad con el de los cuadernos. “Ahora me dicen que tengo que ir presa porque soy socia de los empresarios a los que pedí que se los investigue. Hay algo que no cierra, hay algo podrido. Además, cuando el 1° de marzo, en la Asamblea Legislativa, el presidente de la República anuncia que voy a seguir presa por la causa cuadernos y el memorándum con Irán. Más violatorio de la Constitución Nacional no hay”, planteó Cristina Kirchner sobre el mensaje de Javier Milei ante el Congreso.

Tenso intercambio

A la expresidenta se la vio visiblemente incómoda al tener que contestar las primeras preguntas del Tribunal, formales y ajenas a al expediente. Fueron formuladas por el presidente Méndez Signori, que le dio un trato sin concesiones a la expresidenta.

“Muy buenos días a todas y a todos. La verdad qué…”, comenzó Cristina Kirchner. “Aguarde un segundo…”, la frenó el juez, que comenzó a hacerle las preguntas de rigor.

Cristina Fernández de Kirchner, 73 años, viuda, San José 1111, respondía Cristina Kirchner, cada vez más molesta. Las preguntas que más la alteraron fueron sin embargo acerca de la ocupación de sus padres y sus antecedentes penales. “Ahhhh bueno…”, ironizó la expresidenta. “¿Antecedentes penales? Si usted me deja hablar le voy a contar…”, siguió, con ganas de poner en marcha su descargo. “Todas estas preguntas son de público y notorio”, se quejó.

“Doctora es un interrogatorio que marca la ley; no es un capricho personal. ¿No recuerda ningún antecedente penal?”, insistió Méndez Signori. Luego de hacer alusión a la causa por Vialidad, Cristina Kirchner sostuvo: “¿Alguna otra duda, interrogante?”. “Nono, ya cumplimos con el código procesal penal”, le devolvió el juez.

Sin respuestas

En el tramo más político de su exposición, Cristina Kirchner hizo una defensa de la obra pública como mecanismo para reactivar la economía y dinamizar la industria nacional. “No estoy diciendo impunidad de la obra pública: investiguen”, dijo. Y añadió: “Me parece que es una gran disparate esta causa. Me gustaría que me digan cómo fue, cómo me pagaron. No voy a hablar de la adulteración de los cuadernos. Eso se va a demostrar. Realmente es posible esta instrucción y esta acusación que llevaron adelante Bonadio y Stornelli”, dijo Cristina.

“Voy a declarar cuando alguna vez ustedes citen a Stornelli, o cuando citen a Mauricio Macri por los parques eólicos, [una causa] que duerme el sueño de los justos. No hay una sola causa por la deuda con el Fondo Monetario Internacional. El día que llamen al ”Toto» Caputo voy a contestar preguntas. Mientras tanto, no voy a formar parte de este circo”, cerró su defensa, que duró 50 minutos.

Así, la expresidenta se apegó a la estrategia que desplegó tanto en Cuadernos como en Vialidad, expedientes en los que ha optado por anteponer un escudo político frente a las acusaciones en su contra, alimentadas en este caso por los cuadernos del chofer Oscar Centeno y las muchas declaraciones de los empresarios arrepentidos.

En el plano judicial, su defensa se ha limitado a entregar escritos de descargo, negando los hechos que se le imputan, pero sin contestar preguntas de la Justicia en ningún momento del proceso.

En los escritos presentados en la causa, la expresidenta sostuvo que la investigación era una persecución que estaba dirigida en su contra y que en ella no había “ni siquiera una mínima prueba que acredite los delitos que calumniosamente se me atribuyen”, ni siquiera que justificaran el estado de sospecha.

“Lo cierto es que a lo largo de todo ese período solamente fui la titular, junto con Néstor Kirchner, de gobiernos elegidos democráticamente por el pueblo argentino en tres elecciones consecutivas”, dijo en un de ellos.

La expresidenta, que cumple en su casa de San José 1111 una condena a 6 años de prisión por la causa Vialidad, dejó trascender su malestar por tener que concurrir a los tribunales, citación que ligó a la coyuntura política.

Hasta el momento, el juicio de Cuadernos se desarrolló vía zoom. Pero en la hoja de ruta del Tribunal Oral Número 7 siempre estuvo previsto que las indagatorias fueran presenciales. Las dudas pasaban por dónde tendrían lugar esas declaraciones, si en Palacio de Tribunales, donde está radicado el tribunal, o en Comodoro Py, a donde se mudará.

Durante la semana pasada, en los pasillos de los tribunales circuló una versión distinta respecto a la comparecencia de la expresidenta. Fuentes ligadas al caso sostenían que no todos los actores del proceso judicial se habrían opuesto a que la expresidenta declarara desde su domicilio, de manera virtual.

Cristina Kirchner podría haberlo solicitado (como lo hizo Julio De Vido) esgrimiendo quizás que cumple arresto domiciliario o alegando cuestiones de salud, luego de su internación de casi dos semanas a principios de este año. Pero no hizo tal solicitud, lo que abrió especulaciones acerca de la necesidad de la expresidenta de recobrar cierta centralidad en la escena política, aunque sea desde los estrados judiciales.

Lo cierto es que la llegada de Cristina Kirchner a los tribunales, más allá de un tuit a último momento, con quejas sobre la citación, estuvo marcada por el bajo perfil.

No se saludó con De Vido

Cristina Kirchner salió a las 8.41 de su casa de San José 1111 hasta Retiro trasladada en un automóvil con su custodia, vigilada por su tobillera electrónica que controla sus movimientos. Unos 15 minutos después ya estaba ubicada en la sala junto con su abogado a la espera del comienzo del juicio. A unas sillas de distancia estaba Julio de Vido, exministro de su gestión y también en el banquillo de los acusados. No se saludaron.

Esta es la segunda vez que Cristina Kirchner salió de su casa desde que fue detenida el 17 de junio de 2025 en su vivienda. La primera fue cuando debió ser internada de urgencia para ser operada por una peritonitis el 20 de diciembre pasado. Permaneció en la clínica hasta entrado enero.

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