Gualeguaychú: el avance del narcotráfico y una frontera que sigue siendo un “colador”

Mientras las investigaciones se concentran en el último eslabón de la cadena, la porosidad del puente internacional con Fray Bentos y la falta de golpes estructurales a las mafias profundizan la crisis de consumo en la ciudad.

La ciudad de Gualeguaychú enfrenta una realidad que no por conocida deja de ser alarmante: la droga circula con una fuerza cada vez más evidente en sus barrios. Sin embargo, el enfoque de las autoridades parece estar lejos de la raíz del problema. Mientras las escasas investigaciones judiciales se agotan en el “narcomenudeo” —la persecución del pequeño vendedor—, las rutas del tráfico a gran escala permanecen operativas, consolidando un escenario de vulnerabilidad que lleva años sin resolverse.

El “colador” del río Uruguay

Uno de los puntos más críticos señalados por especialistas y vecinos es el paso fronterizo que une Gualeguaychú con la ciudad uruguaya de Fray Bentos. A pesar de los controles nominales, el flujo de contrabando y estupefacientes es descrito por fuentes locales como un auténtico “colador”. El río Uruguay, lejos de ser una barrera, funciona como una vía libre para el tráfico, sin que hasta el momento se haya logrado “cortar la cabeza de la serpiente”.

La falta de operativos de inteligencia que desarticulen las estructuras jerárquicas del tráfico internacional permite que el flujo de sustancias no se detenga. El resultado es directo: una multiplicación de personas con consumos problemáticos en Gualeguaychú. La demanda crece y la oferta abunda, en un ciclo que lleva años degradando el tejido social de la ciudad.

El cielo y las rutas: prioridades cuestionadas

El panorama nacional no es más alentador. Según fuentes oficiales, durante el año 2025 se detectaron al menos 400 vuelos clandestinos en territorio argentino. Esta cifra confirma que la cocaína no solo ingresa por tierra o agua, sino que “llueve” desde los cielos ante la falta de radares y una política de interceptación efectiva.

En Entre Ríos, si bien los controles sobre las rutas nacionales y provinciales son constantes, los resultados operativos son, en ocasiones, motivo de crítica. “No se puede celebrar el secuestro de ornamentas de ciervos cuando las mafias narcos circulan con toneladas de carga”, señalan sectores vinculados a la seguridad. La sociedad demanda que los recursos se vuelquen a líneas de investigación complejas y no a decomisos de caza furtiva que poco aportan a la lucha contra el crimen organizado.

Resultados insuficientes

Un dato que ilustra la desconexión entre la magnitud del problema y la respuesta estatal es la reciente incautación realizada por la Policía Federal Argentina (PFA) en Gualeguaychú: apenas medio kilo de cocaína. Si bien el procedimiento fue presentado como un éxito, para una ciudad que padece el tráfico mayorista, la cifra sabe a poco.

La ciudadanía exige resultados de fondo. Los vecinos de Gualeguaychú reclaman recuperar los espacios públicos: plazas y barrios libres de transas y consumidores, un entorno donde las familias puedan circular sin el temor que impone el mercado de la muerte. La pregunta que queda flotando en el aire es si, finalmente, alguien con poder de decisión política y judicial tomará las riendas para enfrentar este flagelo de manera estructural.

Redacción: Nova Comunicaciones.

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