El dilema de las PASO, del desdoblamiento y el laberinto de un peronismo enfrentado

La política entrerriana transita un 2026 marcado por la incertidumbre económica y una efervescencia electoral que ha comenzado a devorarse la agenda pública mucho antes de lo previsto. En el centro de la escena se encuentra el gobernador Rogelio Frigerio, quien sopesa una decisión estratégica que definirá el mapa de poder regional: eliminar las PASO y el DESDOBLAMIENTO de los comicios provinciales respecto de los nacionales. Las PASO y el desdoblamiento, que ya es moneda corriente en las declaraciones del Ministro político Manuel Troncoso, no es una novedad en la historia reciente de la provincia, sino más bien la reactivación de un manual de supervivencia política que utilizaron con éxito predecesores como Jorge Busti, Sergio Urribarri y Gustavo Bordet.

La lógica detrás de esta posible autonomía electoral responde a una necesidad de preservación frente a los vaivenes de la Casa Rosada. Para Frigerio, quedar atado a la suerte de Javier Milei representa un arma de doble filo; por un lado, el desgaste de la gestión nacional, acentuado por la caída en las encuestas, el cierre de comercios y escándalos en áreas sensibles como salud y discapacidad, podría actuar como un ancla que arrastre su propia imagen. Por otro lado, un eventual éxito del libertario tampoco garantiza tranquilidad, ya que implicaría una «colonización» de las listas provinciales por parte de la Libertad Avanza, limitando el margen de maniobra del gobernador para imponer sus propios cuadros.

Mientras el oficialismo provincial consolida la figura de Frigerio como el dirigente con mejor medición y nula competencia interna, manteniendo a raya tanto a aliados radicales como a sectores del PRO, el Partido Justicialista entrerriano atraviesa uno de sus periodos más oscuros y fragmentados. Tras el fracaso de los intentos de normalización interna y una performance electoral en las generales que dejó al movimiento atomizado en diversos frentes, el peronismo hoy carece de una conducción clara. Los referentes que históricamente se autoproclamaban como sucesores naturales del poder hoy caminan por los pasillos de los tribunales o enfrentan un severo repudio social.

Las figuras de Adán Bahl y José Eduardo Laurito aparecen hoy debilitadas, con el primero cuestionado no solo por su desastrosa derrota electoral en Paraná por más de 20 puntos, sino por los recientes escándalos de nepotismo que involucran la designación de sus tres hijos en la Cámara de Diputados de la provincia. Estos nombramientos, realizados bajo la firma de Ángel Giano durante su presidencia en el cuerpo legislativo, han golpeado la línea de flotación del discurso de transparencia que el peronismo intentó articular, revelando salarios millonarios para familiares que, según denuncias que resuenan en el ámbito legislativo, ni siquiera cumplían funciones efectivas en sus oficinas.

Adán Bahl, sobreviviente de la paliza electoral que sufrió el peronismo entrerriano en octubre, encontró en la senaduría nacional la tabla de salvación para tener fueros en momentos en que comienza a amenazar la tormenta judicial de los Contratos mal llamados Truchos. Su inmenso patrimonio resulta difícil de explicar tras décadas de servicio público, sin conocerse actividad privada, y si la tuvo como lo dejó trascender sería importante que documente en su rol como contador a quien le llevó la contabilidad o administración, y ahí pueden aparecer grandes sorpresas.

La crisis de representatividad en el peronismo se extiende por toda la provincia, donde figuras como Laura Stratta enfrentan un marcado aislamiento. La exvicegobernadora, otrora figura central del armado de Bordet, padece hoy una condena social que le impide realizar apariciones públicas en su propia localidad, Victoria, donde el malestar por las investigaciones judiciales vinculadas a contratos y subsidios irregulares, que involucran a colaboradores estrechos como Joaquin Oñativia y Pedro Gebarth,  ha calado hondo. La protección judicial que algunos sectores le atribuyen parece no ser suficiente frente a un peronismo que ya no acepta conducciones basadas en el pasado administrativo.

A esto se suma el ostracismo de dirigentes como Enrique Cresto. El «crestismo» ha experimentado un marcado declive político en Entre Ríos, iniciado tras la histórica derrota del peronismo en 2021 frente a Rogelio Frigerio. A pesar de que Cresto encabezó la lista legislativa en aquel entonces con la intención de usarla como trampolín para la gobernación , el peronismo cayó a su piso histórico en Concordia. Tras este revés, Cresto protagonizó dos renuncias significativas: primero al dejar la intendencia para asumir un cargo nacional en 2020, y luego al decidir no asumir su banca en el Congreso en 2021. Su intento por retomar el protagonismo local en 2022 mediante una precandidatura a la gobernación fracasó, no le perdonaron la derrota por más de 30 puntos,  el gobernador Bordet se decidió por Adán Bahl. Finalmente, condicionado por resultados desfavorables, Cresto debió conformarse con el segundo lugar en la lista de diputados provinciales, detrás de María Laura Stratta. Una Stratta que se aferra el cargo de presidente del bloque para no quedar sin protección judicial, y en eso juega un papel importante Enrique Cresto entre otros.

Hacia el futuro inmediato, el peronismo entrerriano parece quedar reducido a pocas cartas de recambio con proyección real. Rosario Romero, desde la intendencia de Paraná, sostiene un bastión clave, pero enfrenta con alguno sectores una interna feroz ,en una guerra abierta que debilita cualquier armado provincial. Por otro lado, la figura de Guillermo Michel aparece como un emergente con alta capacidad de trabajo y conocimiento técnico, tras su paso por la gestión nacional de la Aduana. Michel ha recorrido la provincia buscando construir una alternativa, pero enfrenta el desafío de convencer al resto de que es el mejor candidato para enfrentar a Frigerio, y después la de unificar a un partido quebrado, denunciado y con sus principales referentes enfrentando cargos por enriquecimiento ilícito y desvío de fondos públicos que, según cálculos de la fiscalía, alcanzan cifras astronómicas. Solamente la causa de los Contratos (no Truchos) de la Legislatura, que involucra a Urribarri, Allende, Bahl, Lauritto, sobrepasa los 70 mil millones de pesos en perjuicio al Estado entrerriano.

En este vacío de liderazgos tradicionales, ha comenzado a emerger un sector crítico y no alineado que se presenta como una alternativa de diálogo transversal. Este grupo, integrado por algunos nombres históricos como Hugo Berthet;  Daniel Rossi; y algunos jóvenes como Gustavo Guzman y Didier Jourdan entre otros, se mueve con autonomía respecto de las estructuras partidarias, con fuertes críticas a la conducción de la misma.

Con un Frigerio que camina con paso firme hacia el desdoblamiento electoral y la eliminación de las pasos, buscando en la autonomía de las urnas un salvoconducto que lo mantenga a resguardo de la imprevisibilidad nacional y le evite ser rehén de la suerte dispar de Javier Milei, el peronismo entrerriano queda expuesto en su laberinto más complejo.

El Justicialismo provincial se encuentra hoy ante la imperiosa obligación de una purga interna que, aunque se pregona necesaria en los discursos de base, se percibe todavía como una meta lejana y de difícil ejecución. El partido permanece atrapado entre las densas sombras de sus causas judiciales más resonantes, con sus principales referentes sentados en el banquillo de los acusados por el desvío sistemático de fondos públicos, y una crisis de representatividad que ha calado hondo en el electorado.

1 comentario

ANDRES 27 marzo, 2026 at 7:16 am

VOY A RESUMIR, VOY A SER BREVE…BAHL, BORDET, ROMERO, OSUNA, HALLE, MOLINA, OSUNA, CACERES, STRATTA, CRESTO, LAURITO, SON COMO EL 24 DE MARZO PASADO…LO TITULAMOS NUNCA MAS!!!!!!!!!!

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