Fuerte malestar en aliados de Frigerio al dilatarse la salida de Chagas de la CTM, el apadrinado por Kueider

La permanencia de Juan Carlos Chagas en un cargo nacional propuesto por el gobernador comienza a generar un incendio interno. Promovido por Edgardo Kueider y un sueldo astronómico, parece que su llanto telefónico y su exigencia de que se cumpla el cuerdo logró ablandar a la Casa Gris, ya que para enero estaba apalabrada su partida, y la despedida se sigue dilatando. En los pasillos de la política entrerriana el apellido Chagas se ha convertido en un síntoma de lo que muchos consideran «la vieja política» que se resiste a morir. A pesar de las promesas de renovación y austeridad, Juan Carlos Chagas continúa atornillado a su despacho en la Comisión Técnica Mixta (CTM) de Salto Grande, percibiendo una cifra que insulta la realidad de los argentinos: 30 millones de pesos por mes más viaticos etc.

El blindaje que lo mantuvo a flote durante décadas, desde los tiempos de la gobernación de Sergio Urribarri hasta el padrinazgo del ahora detenido Edgardo Kueider, muestra grietas terminales. La paciencia de los aliados radicales y los peronistas que comulgan con la gestión de Rogelio Frigerio se ha agotado, y el costo político para el gobernador empieza a ser facturado en voz alta.

El Decreto 523/2024, firmado por Javier Milei en junio de 2024, modificó la estructura de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande para permitir que el Gobierno de Entre Ríos proponga directamente a un miembro en su directorio. Esta medida representa una clara cesión de control del Ejecutivo Nacional hacia la provincia, funcionando como una herramienta de negociación política para asegurar el respaldo de los legisladores entrerrianos en el Congreso. En la práctica, su implicancia directa es que el gobernador adquiere una capacidad de decisión determinante sobre quiénes ocupan los cargos en el ente binacional, lo que explica por qué la salida de figuras como Juan Carlos Chagas depende hoy de la voluntad política provincial bajo este nuevo marco legal.

La continuidad de Chagas no se explica por idoneidad, sino por un esquema de favores cruzados. Fue impuesto allí por el senador nacional Edgardo Kueider, hoy preso y procesado por enriquecimiento ilícito, y quién tiene la PEOR imagen política en Entre Ríos, superando ampliamente a Sergio Urribarri . Se sospecha que Kueider sería receptor de fondos provenientes de la estructura que Chagas aún maneja.

En el entorno de Frigerio, el malestar es total. Resulta difícil de explicar para la base electoral de «Juntos por Entre Ríos», por qué un hombre de la estructura de Kueider, a quien se busca borrar del mapa político por corrupto, sigue manejando una de las cajas más codiciadas. Se sospecha que desde la CTM habrían salido flujos de dinero destinados directamente a financiar al exsenador detenido.

La situación roza lo absurdo en términos de jerarquía política. Mientras el gobernador Frigerio mantiene una relación impecable y de cariño con el presidente Javier Milei, quien lo llama afectuosamente «Roger» y lo considera uno de los mandatarios más consecuentes con su gobierno, la CTM parece ser una «isla» de privilegios.

Aunque el organismo es binacional, las designaciones suelen responder a pedidos directos de los gobernadores. El ejemplo es claro: Alejandro Daneri preside el organismo y Pedro Galimberti ocupan un lugar en el directorio por pedido del gobernador. Por eso, la pregunta que circula los ámbitos políticos es: ¿Quién pesa más ante Milei: Frigerio o la sombra de un funcionario cuestionado como Chagas?

Fuentes de máxima fidelidad confirmaron que en enero de 2026 la suerte de Chagas estaba echada. Se le comunicó que tenía «un pie afuera«, una noticia que el funcionario no recibió con la hidalguía que su cargo demandaba.

Trascendió que Chagas mantuvo una comunicación telefónica con un ministro, señalado como la mano derecha de Frigerio, en la que rompió en llanto. Entre sollozos, el dirigente se quejó de las investigaciones periodísticas que exponían su sueldo de 30 millones y su falta de incidencia política real: vive en San Isidro, Buenos Aires, y carece de base territorial en Entre Ríos, invocando que se cumpla el acuerdo que lo llevó al directorio de la CTM.

«Quiero juntarme con el gobernador para aclarar que estoy con el gobierno», habría suplicado. La respuesta fue gélida: audiencia denegada. Frigerio no quiere fotos con quien hoy es visto como un «lastre» de la gestión anterior.

Para entender por qué el rechazo hacia Chagas es transversal, afecta a radicales, peronistas aliados y al propio peronismo opositor que lo echó de la CTM y de ENERSA en el pasado, hay que revisar su historial.

La trayectoria de Juan Carlos Chagas es una saga de ambición y decadencia que los mentideros políticos califican de «hilarante». En su apogeo como presidente de ENERSA, manejó ingresos de hasta U$S 35.000 mensuales, hasta que la línea técnica de la empresa, escandalizada por sus maniobras en pos de la «crocante», forzó su salida. Se le acusó de manejar un «talonario paralelo» de facturas para desviar fondos hacia el automovilismo, financiando la carrera deportiva de un familiar cercano. El gobierno lo «desterró» a la Secretaría de Transporte, un cargo que Chagas vivió como una degradación total: pasó de los lujos binacionales a las «chauchas y palitos«, perdiendo auto, chofer y viáticos.

Lejos de resignarse, alimentó el sueño de ser «Canciller» de un proyecto nacional de Urribarri; pedía despachos prestados para simular poder e intentó negociar retornos con empresarios que terminaron ignorándolo. De aquella época queda la anécdota de cuando debió correr a su quinta para calmar a sus propios perros, que tenían acorralado a un altísimo funcionario provincial y a su acompañante, hoy una figura política relevante. Aquel «dueño de la energía» terminó convertido en un militante del mejor postor, reciclado bajo el ala de Edgardo Kueider y sostenido por las fuerzas del cielo.

El malestar de los aliados de Frigerio se agrava por una cuestión de cupos. Mientras Chagas cobra sumas siderales, a figuras de peso como Atilio Benedetti o el propio Alfredo De Angeli les costó encontrar un lugar en el organigrama estatal. Recientemente, se tuvo que esperar al fallecimiento del dirigente diamantino «Chemes”para que se produjera una vacante en la Región Centro para ubicar a uno de estos dirigentes postergados.

«No se entiende que le cuiden el cargo a un corrupto que ni siquiera milita acá, cuando a los nuestros les dicen que no hay más presupuesto», se quejan por lo bajo en la UCR.

La salida de Juan Carlos Chagas se dilata, pero la insistencia interna ha tornado la situación en una olla a presión. Su permanencia no solo es un desafío a la ética pública por los montos que percibe, sino que se ha convertido en el principal costo político que hoy paga la gestión de Rogelio Frigerio. El «Mal de Chagas» parece haber encontrado su antibiótico en el hartazgo social y la caída de sus protectores, pero el paciente, la política entrerriana, aún espera que la cirugía se complete de una vez por todas.

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